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La Adrada Ayuntamiento

Parajes

Si por algo destaca La Adrada es por los parajes naturales que la rodean. Te invitamos a pasear al frescor de las orillas de nuestros ríos, a la sombra de nuestros bosques y a subir a la sierra para que puedas contemplar los paisajes adradenses y seas consciente del privilegio del enclave en el que se encuentra esta villa.

El Charco de la Hoya

Entre pinos, jaras y grandes piedras repletas de musgo, se encuentra un charco de aguas gélidas y cristalinas con una gran chorrera, el Charco de la Hoya. Antiguamente, estaba permitido el baño y según reza su cartel informativo «era todo un acto de valor». Hoy en día no está permitido bañarse, pero su belleza natural persiste y bien merece un paseo. Se puede acceder fácilmente en coche hasta muy cerca, aunque lo mejor es dejar el coche al inicio del camino de tierra y seguir pausadamente el camino que recorre el pinar que lleva hasta el charco. El sonido del agua te indicará que andas cerca. ¡No tiene pérdida!

El pino Aprisquillo

Se encuentra a los pies del arroyo de montaña que le da su nombre y es un magnífico ejemplar de pino silvestre, variedad escasa en la zona, conocido popularmente como pino cascalbo, denominación particular de la zona que hace referencia a su característica corteza de espejuelos plateados. Es uno de los pocos cascalbos que sobreviven en la zona, que en otros tiempos asoló el fuego. El Aprisquillo ha sobrevivido a incendios y plagas y convive junto a helechos, bosques resineros y robles. Es un pino imponente, con una altura de 43,5 metros y una circunferencia de 5,02 metros. En 2018 fue ganador del concurso a árbol del año y representó a España en el Concurso del árbol europeo del año.

¡Sube a la sierra y dale un abrazo (entre varias personas quizás logréis rodearlo)!

Si decides bajar hacia el valle o seguir la ruta de los puentes, disfrutarás de la belleza de las praderas: Navalasviñas, Navalagrulla, Las Cabezas, Las Dehesillas… donde verás vacas pastando y cigüeñas alimentándose o sobrevolando tu paseo. En primavera, los campos se tiñen de amarillos, rojos y morados, rebosantes de flores, y en otoño los tonos ocres y rojizos te conectarán totalmente con el espíritu de esta estación. En invierno, si tienes suerte, podrás disfrutar de alguna nevada en la sierra y en verano de los campos segados y del frescor de los regueros.

¡Ven con alma exploradora! Te será imposible quedarte en casa.