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La Adrada Ayuntamiento

Un paseo por La Adrada

La mejor forma de conocer La Adrada es a pie. Pasear tranquilamente por el pueblo y disfrutar de los peculiares rincones que se esconden detrás de cada esquina es, sin duda, la forma ideal de vivir de verdad la localidad. Habla con los lugareños, pregunta si no sabes dónde estás y no pierdas de vista la sierra. ¿Nos dejas guiarte? ¡Vamos allá!

La Plaza del Riñon

Esta pequeña plaza arbolada de gran valor ambiental, punto de encuentro y lugar de reunión, va a ser nuestro lugar de partida para un paseo virtual por el pueblo. Su fuente, con forma de riñón, da nombre a la plaza. En verano, encontrarás a los ancianos de la villa de tertulia a la sombra de los árboles por la mañana y a los adolescentes comiendo pipas o escuchando música por la tarde. Desde la Plaza del Riñón, tomaremos la calle de la Feria hasta llegar a la Plaza.

Las Escalerillas

Desde la plaza, subiremos por estas escaleras... las Escalerillas. Calle con construcciones tradicionales de piedra natural, enfoscado, teja, cerámica y carpintería de madera, que nos conduce a “El Torrejón”, barrio típico de La Adrada, y mirador desde donde se pueden divisar pintorescas y maravillosas vistas.

La Iglesia del Salvador

Desde la Plaza de la Villa, si optas por coger la calle de la Iglesia, llegarás al templo principal de la localidad, que empezó a construirse a mediados del S. XVI bajo la dirección de Pedro de Tolosa (aparejador de las obras de El Escorial). Alberga un retablo de estilo barroco churrigueresco con seis columnas salomónicas, donde destacan las figuras de El Salvador y de San Blas rodeadas de rollizos angelotes.

Ayuntamiento

La tonalidad de la piedra de este edificio construido a finales del siglo XVIII, con balcón, campanario y torre, hace resaltar el color azul del cielo y el tranquilizador verdor de la montaña.

La Plaza

Saliendo de la calle de la Feria nos encontramos con el antiguo centro geográfico y cívico del pueblo. Antaño fue plaza de toros, mercado, cine al aire libre, y hoy se reserva su uso para fiestas, conciertos y diversos espectáculos. En la plaza, confluyen las dos antiguas arterias principales del pueblo: en dirección norte-sur la ya conocida calle de la Feria y la calle Larga; y este-oeste la que unía la iglesia con el barrio del Torrejón. En esta última encontramos una de las instantáneas más típicas del pueblo «Las Escalerillas», por ellas tendremos que subir para llegar al castillo.

No podemos marcharnos de la plaza sin admirar varias construcciones que no nos dejarán indiferentes:

En el edificio del ayuntamiento, con sencilla fachada de piedra de finales del s. XVIII, destaca la torre del reloj y el gran balcón de piedra. Frente a este, se encuentra la casa tal vez más noble y mejor conservada de la villa, del siglo XVI-XVII, que perteneció a los frailes Jerónimos del Escorial que tenían una fábrica de papel en la localidad. Lo que hoy es el hogar del jubilado fue antiguamente escuela. Al lado de este edificio encontramos una melia, que pertenecía al antiguo patio del colegio. La melia es un árbol resistente tanto a sequías como a heladas, pero no es demasiado longevo.

En mitad de la plaza, tenemos una fuente de agua potable del s. XIX donde te invitamos a llenar la botella de agua para aguantar la caminata. Por último, en el inicio de Las Escalerillas, destaca otra construcción: el antiguo comercio de «la tía Piedad», hoy en día cerrado. Desde este punto, puedes continuar el recorrido por la calle Larga, la más señorial del pueblo, donde encontrarás un montón de casas blasonadas o subir por Las Escalerillas y perderte por las callejuelas del Torrejón. ¡Las vistas compensarán la cuesta que tendrás que subir!

La Niña de La Adrada y El Gato

Esculturas, la primera en bronce y la segunda en hierro fundido, del escultor Luis Arencibia, donada por el artista al pueblo de La Adrada.

La calle la Feria y la casa del Tío Talís

Se trata del mejor ejemplo de arquitectura popular de toda la villa, una construcción que data de 1783 y que nos llamará la atención al instante. Este edificio de planta irregular, acabado en piedra natural y teja cerámica, consta de dos plantas y buhardilla. ¡No te marches del pueblo sin inmortalizar la vista de la casa con la sierra al fondo! Sin duda una de las postales más bonitas del pueblo.

El árbol

La Melia es un árbol resistente tanto a sequías como a heladas, pero no es demasiado longevo, pudiendo alcanzar alrededor de un siglo de vida. Su lugar de origen es amplio y se reparte entre Siria, Irán y China. La madera de Melia es de buena calidad, recordando por su color a la de la lujosa caoba a cuya familia pertenece y da nombre (Meliáceas). La gran difusión de la Melia por el mundo, se debe a su valor ornamental, pero no debemos olvidar que es un árbol sagrado en su tierra de origen y que en muchos lugares de Europa, entre ellos España, los huesos de los frutos servían para confeccionar rosarios.

El Castillo

Prosigue el camino desde la Plaza de la Villa por Las Escalerillas hasta llegar el Torrejón. Bebe un poco de agua y reúne fuerzas para subir el último repecho hasta el castillo: la joya de la corona de La Adrada. La fortaleza está situada en lo alto de una colina sobre las ruinas de una antigua edificación. Hoy restaurado, alberga el Centro de Interpretación Histórica del Valle del Tiétar.

La Taberna Museo

Ha sido durante muchísimos años un lugar emblemático para hacer un alto en el camino, beber un buen vaso de recio vino tinto y saborear alguna tapa típica de la zona. En la “Taberna Museo” (anteriormente La Casa del Tío Pedrón), con rústico ambiente de típica taberna castellana, se podía degustar una rica comida casera, y naturalmente tomar el aperitivo deleitando el paladar con sus famosísimas y apetitosas “patatas revolconas” que muchos recordaremos. En este restaurante familiar Tere y Emilio lograron cautivar durante décadas a los paladares más contundentes con algunos de sus platos más tradicionales, entre los cuales podríamos mencionar alguno de ellos: Asado de cordero, de cochinillo, de cabrito, judías blancas con chorizo, sopa castellana, patatas revolconas, huevos fritos con chorizo, pimientos y patatas fritas, paella, arroces a la pastora, a la zamorana y a la marinera, la carne de ternera y el solomillo a la brasa, las truchas del Valle con jamón, patatas y pimientos, o los riquísimos estofados de patatas con pimientos y patatas con bacalao en puchero de barro. Un lugar en el que, si se entraba con apetito, se saciaba con los mejores manjares caseros, cocinados al mejor estilo tradicional. Hoy en día, sin barra de bar, La Taberna Museo prepara comidas de encargo para llevar, o para comer en el comedor de la taberna.

La calle Larga y la casa de Los Jerónimos

Si optas por recorrer la calle Larga, la más señorial del pueblo, encontrarás los edificios de mayor valor arquitectónico de la población. Durante siglos, fue la vía principal del pueblo, así que no nos sorprende encontrar la mayoría de las casas blasonadas de la localidad. Comienza esta vía con esta casa del siglo XVI que perteneció a los frailes Jerónimos del Escorial. Su escudo representa la parrilla del martirio de San Lorenzo. Si continúas hacia el sur, verás las edificaciones más nobles que nos hablan del paso de los siglos y de los distintos señores de la villa.

La Ermita de la Virgen de la Yedra

Baja del castillo en dirección a nuestro punto de partida y camina un poco más hasta el Parque de la Yedra, donde encontrarás la ermita. Cuenta la leyenda que la ermita de la patrona de la localidad se edificó sobre unas ruinas cubiertas de hiedra, donde la virgen se apareció a un sacristán desplazado de Burgohondo. Según la tradición, la Virgen fue devuelta en varias ocasiones a la abadía de donde procedía, pero siempre regresaba de nuevo a La Adrada; estos hechos hicieron que los adradadenses se convencieran de que debía quedarse para siempre y la adoptaron como patrona.

Es posible que allá por los siglos XII o XIV ya se venerase la imagen de María bajo la advocación de la Yedra, aunque la primera noticia de culto y devoción data de 1612. El edificio que hoy contemplamos se ha restaurado gracias a la contribución de los vecinos de La Adrada. La ermita solo se abre en fechas señaladas durante las flores, en el mes de mayo, y con motivo de la festividad de la patrona en septiembre. Si nos visitáis en alguna de estas ocasiones, no dudéis en entrar. ¡Merece la pena!

Calles y paisajes

Una de las actividades más placenteras que podrás hacer en La Adrada es deambular por las calles para descubrir los rincones más pintorescos de la villa, perderte por las callejuelas de Los Machacalinos y disfrutar de la belleza que al fondo ofrece la sierra. ¡Olvídate del reloj y déjate llevar por la tranquilidad que se respira!